El virus con corona. El rey de los virus.

Ayer por la mañana tenía mi vida en marcha, tenía agendada una reunión, un taller, y una formación, para la semana que viene tenía un retiro de 4 días al que me hacía especial ilusión asistir. Por la tarde me lo habían cancelado todo. Por responsabilidad.

Las clases en colegios, institutos, universidades, canceladas. Por responsabilidad.

Esta mañana he ido como siempre a dar mi clase en uno de los centros sociales y el chico que lo gestiona me ha dicho que a partir de la semana que viene ya no se podrá ir a dar clase, hasta nuevo aviso. Y poco a poco, como fichas de domino, todos los centros públicos o privados a los que voy a dar clase han ido, a lo largo de la mañana, cerrando puertas hasta nuevo aviso. Por responsabilidad.

Este medio día, he ido a comer a casa de mi madre y he escuchado al Presidente declarando el estado de alerta nacional.

Y no se puede decir que no lo vieramos venir. Hemos pasado del «que exageración», al «me lo creo todo» en cero coma.

A estas alturas, todos los que tenemos algún grupo de whatsapp nos hemos hecho un master acerca del virus famoso, desde la información de la doctora de urgencias de turno, a las teorías conspiranoides, la incredulidad del vecino, la alarma de lo que pasa en el país romano…

Ya no sólo miramos raro al chino de la esquina por si tuviera algo que ver con lo que ha estado pasando en Hong Kong, si no a los madrileños, que huyendo de la capital se vienen a su segunda residencia, sin darse cuenta que traen el virus en el equipaje de mano.

Hasta ayer yo era una persona normal, esta mañana caminando por la calle he tosido y me han mirado raro, por si era madrileña, por si fuera a contagiar algo a alguien.

Intento no dejarme llevar por todo este absurdo circo de miedo y desinformación. Me veo confinada en casa, por responsabilidad y la verdad que, aunque las circunstancias son las que son, estoy feliz.

Me tomo una parada en todo el frenético ritmo de vida que llevo, me voy a la playa a respirar tranquilamente. Dejo a los niños, que ya son mayores de edad y disfrutan de estar solos, y me voy a tomar unos días de cuarentena, de aislamiento, de retiro, de vacaciones a fin de cuentas.

Pero es extraño no saber ciertamente que día se acaba este retiro, no saber realmente que está sucediendo en el mundo para que un país entero cierre sus puertas, las de dentro y las de fuera. No sabemos que cicatriz nos va a dejar este periodo de inacción, ni que precedente estamos asentando.

Voy a pasar unos días lavándome las manos, consumiendo internet, leyendo libros y tomando largos paseos por la playa (soy una afortunada en ese aspecto, lo reconozco).

Unos días sin visitar a mis amigos, sin darnos abrazos, ni besos, unos días de aislamiento, que no de soledad.

Veremos que sucede en las próximas semanas, si nos deja el sabor de una victoria comunitaria como nos quieren vender, o todo lo contrario.

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